
Es una afirmación frecuente aquella que clama que la psicología es parte fundamental del póker.
Es fácil coincidir al respecto y dudosamente alguien se atrevería a intentar refutar ese postulado.
Probablemente la cuestión pueda ser resumida así: la psicología es ejercida por un jugador de póker siempre y cuando éste cuente con entrenamiento en la materia.
El neófito jugador que emprende ocasionalmente esta práctica, probablemente desoiga los principios más elaborados que los aficionados frecuentes o los talentosos profesionales esgrimen a fin de obtener un mínimo resquicio ventajoso que les permita acrecentar sus probabilidades de éxito.
Ahora bien, “qué es usar la psicología en el póker” es algo más complejo de definir. Algunas lecturas sobre el tema nos indicarán que no hay tanto consenso al respecto.
Por un lado, están quienes sugieren que la psicología se aplica al póker en el momento de hacer una lectura sistematizada del rival. Esta es la interpretación más tradicional.
Por otro lado, una perspectiva revisionista procura refutar ese postulado argumentando que la lectura del comportamiento de una persona, a través de los signos visibles que con su cuerpo manifiesta, nada tiene que ver con la psicología y que es una práctica únicamente relacionada a una intuicion natural (posible de ser fortalecida con el ejercicio), por lo que algunas personas han nacido con este talento y otras no han sido bendecidas con él.
Lo que esta última postura interpretativa identifica como aplicación de la psicología es, por el contrario, la manipulación del juego del otro que, a partir de una correcta lectura e identificación de las tendencias rivales, un jugador puede desempeñar.





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