
Dijimos que le objetivo final del juego de póker es formar una combinación de cartas que derrote a las combinaciones de nuestros adversarios. Para lograrlo debemos articular una serie de cuestiones, la principal de las cuales es saber cómo se forma cada una de las manos con las que vamos a salir a competir.
Esto nos permitirá decidir de un modo exacto qué cartas podemos quedarnos y de cuáles cartas nos conviene librarnos, en qué momento, y por qué.
Las manos posibles del póker no son tantos y son realmente muy fáciles de aprender. Sintéticamente podemos decir que de menor a mayor las combinaciones que se admiten en el póker son par, trío, dos pares, escalera, color, full, póker y escalera real.
Ocho posibilidades que resumen todo el juego. Visto así el juego parecería muy simple. En España hay un juego de dados que utiliza casi la misma combinación de posibilidades y que se conoce como generala.
Es un juego muy popular y en torno al cual pueden hacerse apuestas, o simplemente está la posibilidad de jugarlo por mera diversión.
Volviendo al póker, decíamos que si analizamos solo las combinaciones de naipes posibles, el juego no parece revestir mayor complejidad. Sin embargo, es realmente un juego complejo, en el que por momentos puede hacerse muy difícil saber tomar la mejor decisión, saber hacer una buena apuesta.
Para ello deberemos saber cuándo nos conviene entrar y cuándo es mejor ser paciente y dejar pasar la mano. Lo cual tampoco es posible de ser establecido con un criterio único, puesto que hay jugadores más conservadores y otros más arriesgados (algo que por cierto, sucede en todos los juegos de apuestas).





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