Dijimos en el artículo que precedió a este que nos alarmaba la cantidad de detractores que opinaban con tanta liviandad acerca en contra de los sistemas de apuestas de ruleta, acusando en ese mismo acto a los que proponen sistemas de vender falsas esperanzas a los apostadores. Al oponernos a esa postura no estamos por ello automáticamente admitiendo que no haya muchos sistemas de ruleta que no sean más que un cúmulo de infructuosos intentos por percibir ganancias.

Esto realmente puede suceder. Muchos de los sistemas para apostar en ruleta que encontramos en internet son realmente deficientes. Su eficiencia es nula. Pero no por ello podemos decir que todos los sistemas de apuestas son inoperantes. Esto es una falacia, un sofisma.

Por el contrario, hay muchísimos sistemas de apuestas para ruleta que basados en las más puras matemáticas, interpretan a la lógica de la ruleta en sus especificidades, logrando de esa forma un producto genuino, muy útil para los apostadores.

Claro que si buscamos el sistema infalible que nos permita ganar con seguridad todo el tiempo a cada apuesta que hagamos, eso no existe. No solo no existe aún, sino que no existirá nunca. Pero ello no convierte a la ruleta en un juego del más puro azar, en el cual cualquier aproximación estratégica se torne inadmisible.

Insistimos en el concepto, muchos sistemas de apuestas para ruleta han sido largamente analizados y estudiados, y dentro de las limitaciones que estamos señalando, logran que nuestro desempeño al apostar en una ruleta o en una ruleta en línea, sea mucho mejor que sin ellos.

El tiempo pasa para todos. Para los juegos de azar también. Sin que ello implique no reconocer que los juegos de casino siguen primando en lo que forma parte del mundo de las apuestas, también tenemos que decir que muchos juegos van evolucionando, mutando, generando pequeños cambios, diferencias que a veces pueden parecer insustanciales, pero que a la larga van determinando un devenir del que aún podemos esperar muchísimas novedades.

Sin ir más lejos, si tuviéramos que comparar a la ruleta tal y como se la juega hoy en día, con aquellas rueda primitiva de 3 siglos atrás, no nos alcanzaría el espacio de este artículo para poder abordar el tema en su completitud. Entonces, asentimos que la evolución es una característica intrínseca de los juegos de apuestas.

Si queremos mantenernos atentos a estas nuevas implementaciones en materia de apuestas y juegos de casino a las que hicimos alusión en esta introducción, no podemos no referirnos a un juego que desde hace algún tiempo se juega en casinos en vivo y también, en casinos online. El juego vikingo, también conocido en muchos casinos en línea como wild viking, combina los rasgos esenciales de la ruleta utilizando cartas de póker.

No es exactamente una mezcla entre ruleta y póker. Es, más bien, una ruleta que no utiliza rueda y bola (por lo cual habría que revisar el concepto de que efectivamente sea una ruleta, pues es la rueda la que le da ese nombre) sino que se sirve de 5 cartas que son obtenidas por el croupier aleatoriamente de una baraja de 52 naipes de póker.

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Dijimos que le objetivo final del juego de póker es formar una combinación de cartas que derrote a las combinaciones de nuestros adversarios. Para lograrlo debemos articular una serie de cuestiones, la principal de las cuales es saber cómo se forma cada una de las manos con las que vamos a salir a competir.

Esto nos permitirá decidir de un modo exacto qué cartas podemos quedarnos y de cuáles cartas nos conviene librarnos, en qué momento, y por qué.

Las manos posibles del póker no son tantos y son realmente muy fáciles de aprender. Sintéticamente podemos decir que de menor a mayor las combinaciones que se admiten en el póker son par, trío, dos pares, escalera, color, full, póker y escalera real.

Ocho posibilidades que resumen todo el juego. Visto así el juego parecería muy simple. En España hay un juego de dados que utiliza casi la misma combinación de posibilidades y que se conoce como generala.

Es un juego muy popular y en torno al cual pueden hacerse apuestas, o simplemente está la posibilidad de jugarlo por mera diversión.
Volviendo al póker, decíamos que si analizamos solo las combinaciones de naipes posibles, el juego no parece revestir mayor complejidad. Sin embargo, es realmente un juego complejo, en el que por momentos puede hacerse muy difícil saber tomar la mejor decisión, saber hacer una buena apuesta.

Para ello deberemos saber cuándo nos conviene entrar y cuándo es mejor ser paciente y dejar pasar la mano. Lo cual tampoco es posible de ser establecido con un criterio único, puesto que hay jugadores más conservadores y otros más arriesgados (algo que por cierto, sucede en todos los juegos de apuestas).

Una duda que puede plantearse, en relación con el popular juego de apuestas que es el video póker, al cual podremos encontrar con suma frecuencia en todos los casinos físicos en la sala donde están las máquinas de black jack, las tragaperras o las máquinas de video keno, es cuál es el monto de la apuesta con el que conviene participar.

Muchos jugadores de casino atraviesan al momento de apostar en una máquina de video póker por esa instancia de incertidumbre.

Evaluemos entonces la cuestión. Sabemos que los pagos en el video póker estarán determinados por una tabla a la cual tendremos permanentemente acceso.

Tanto si jugamos en un casino físico como si jugamos conectados en el sitio web de un casino online, veremos que hay una tabla de pagos. En la misma podremos corroborar que los pagos van progresivamente incrementándose a medida que aumenta el monto de la apuesta.

Las probabilidades de obtener cada uno de los juegos y, por ende, cada uno de los pagos, se mantiene inmutable. Por lo tanto, una diferencia que para nosotros puede ser de algunas monedas en cuanto a la apuesta que estamos haciendo, si tenemos la habilidad y la suerte de obtener una buena mano, e pago será muchísimo mejor, pues la relación proporcional lo disparará hacia una suma muchísimo más tentadora.

Entonces, es posible inferir que al momento de apostar en una máquina de video póker, es recomendable hacerlo en el límite máximo permitido por la máquina. La máxima apuesta nos permitirá aspirar a los máximos premios.

La cuestión al respecto al futuro del póker y a su fundada pretensión de convertirse en un deporte, lo cual abre un panorama muy amplio de disputa legal en aquellos suelos que no comulgan por principios religiosos (o vaya a saber uno qué) con los juegos de azar, debe ser abordada, entonces, no desde la perspectiva que busca los avales para este juego de apuestas en sus capacidad de dinamización de la economía.

Sino en las propias virtudes que debe esgrimir aquel que buscar trascender la mera instancia inicial de un apostador inexperto que asoma sus narices en este juego.

El debate, su resolución, en verdad, carece de dificultad para alguien que sepa jugar al póker. Es decir, para alguien que se haya “sentado” con cierta continuidad en el tiempo en una mesa de póker, y se haya dedicado a jugar consistentemente. Se verá, en tal caso, las posibilidades que implica este juego de apuestas.

La increíble cantidad de variantes que al interior de un juego de póker se abren. La muy escasa participación del azar en el transcurso del juego. Casi un ajedrez que se juega con cartas y por dinero.

Los que plantearon la cuestión no fueron justamente los jugadores profesionales. Se inició como un debate meramente económico, y luego los jugadores vieron una luz al final del túnel y avanzaron por ese camino, pues resulta triste ver cómo en algunos sitios muchos fanáticos deben privarse de practicar su juego favorito por una cuestión de clasificación.

Ya sea un juego de azar o un deporte, está claro que el póker es un juego de apuestas maravilloso, y que todo el que desee practicarlo merece poder tener acceso a él.

Que el póker es uno de los juegos de apuestas con mayor éxito en el mundo entero, es algo que ya estas alturas ha quedado fuera de discusión, no solo en el ámbito de las apuestas y los juegos de casino, sino también para cualquier persona corriente que toque de oído la temática.

El póker ha atrapado a una millonada de fanáticos y los mantiene cautivos de sus encantos, a merced de su voluntad, dispuestos a pasar horas frente a los monitores de los ordenadores. A cambio les ofrece diversión máxima y, si se es suficientemente hábil, una buena cantidad de dinero.

Estos contendientes, humildes fanáticos de este tradicional juego de apuestas devenido en pasión de multitudes, saben, además, que la condición para obtener la habilidad suficiente como para tener la posibilidad de competir seriamente en este juego es la práctica.
También es algo sabido, muy sabido podríamos decir, que la industria del póker se ha convertido en la más dinámica de entre los juegos de casino.

Si consideráramos el total del dinero que entra en circulación por las apuestas totales a nivel mundial, nos asombraría ver que un porcentaje importante de ellas está representado por todo lo que hace al póker.

Quizás fue por eso, por el rotundo éxito que ha tenido en las últimas décadas, que muchos hayan alzado la voz para hacer del póker un deporte. Pero en tal caso, creemos que lo que debería hacer cambiar la consideración no puede estar del lado del éxito en cantidad de apostadores, o fanáticos, ni aún de dinero, que haya en relación con este juego, sino de sus particularidades intrínsecas.

Hoy sabemos con un grado de certeza demasiado alto como para que pueda ser acaso sospechado con un mínimo resquicio de duda, que uno de los juegos de apuestas que mayor éxito ha tenido en las historia de los casinos, el craps, y que continúa teniendo, por supuesto, en estos espacios que han significado una evolución de las apuestas, que son los casinos online, tienen un origen muy lejano, en el tiempo y en el espacio. No fue sino hasta mediados de la edad media que los dados llegaron a Europa.

Cuando se trata de apuestas, en particular como sucedía antaño cuando los casinos físicos actuaban como centro de reunión para la integración comunitaria (algo que en realidad aún hoy continúa en boga, con la salvedad de que los casinos físicos hoy conviven con los casinos online, aunque ambos no sean, en verdad, incompatibles).

Los jugadores gustan de interactuar entre ellos relatándose las historias que hicieron del casino un lugar en el que no solo prolifera la emoción, la diversión y el dinero, sino también los mitos, que construyen a modo de edificios, estructuras simbólicas sobre las que después se montan los deseos, los intereses, las aspiraciones y, por qué no, las estrategias de los jugadores del azar.

En el caso de los dados, no ha habido ninguna excepción. Los dados tienen su historia y si esta ha llegado hoy hasta nuestros oídos no ha sido por la magia de internet, en donde podemos encontrar la historia de los dados en la actualidad, sino por el traspaso de el discurso de apostador en apostador.

Siguiendo con esta secuencia de temas relacionados con las cuestiones del azar, en la cual ya hemos dado cuenta, como sugerimos al recuerdo, de la ley del tercio, la ley del 111 y la ley de probabilidad, ahora trataremos finalmente un último elemento que nos brindará la pieza que faltaba en el rompecabezas del azar.

Aquel que nos desvela día y noche cuando imaginamos las estrategias que nos pueden conducir a un exitoso juego, las que nos puedan ayudar a hacer de nuestras apuestas humildes experimentos lucrativos, algo más que un divertimento pasajero, la prueba de que si algo nos apasiona es por ello también que podremos hacer de eso un vehículo hacia la ganancia económica.

Los juegos de azar, a lo largo de toda su historia, han tenido detractores y entusiastas, analistas sesudos y personajes que reducían cualquier participación a un conjuro mágico, una apelación a la suerte no más. Para aquellos que disfrutamos de razonar en torno a nuestros juegos de casino preferidos y gustamos verlos como un objeto de análisis, nada mejor que abocarnos a las leyes del azar.

Decíamos que faltaba un eslabón en la cadena. Los juegos de azar en los que recaen nuestros sueños y apuestas, conllevan una cuestión que es iluminada por el cálculo de probabilidades.
Si la ley de probabilidades nos enseñaba que había una relación entre el número de sucesos posibles y el de sucesos favorables, el cálculo de probabilidades nos señala cuál es efectivamente la forma de calcular ese suceso que esperamos que acontezca.

La clave queda establecida en establecer el cociente entre aquél o aquellos sucesos favorables y la totalidad de los sucesos posibles. No hay más secreto que ese.

Si de conocer e interpretar leyes del azar se trata, una que bajo ningún punto de vista podemos olvidar mencionar y explicar, es la ley de probabilidad, la cual, como veremos enseguida, constituye un punto de partida muy importante para someter a evaluación cualquier tipo de registro que tengamos de los juegos de azar y las apuestas que sobre ellos se depositan.

La ley de probabilidad se suma a las dos leyes que mencionáramos en los artículos precedentes, conformando hasta ahora una trilogía de leyes del azar, aunque como podremos ver en futuras emisiones, queda aún mucho por develar sobre el misterioso devenir de circunstancias que se ocultan detrás de los acontecimientos que ocurren en un casino.

Sin más preámbulos, veamos de qué nos habla de ley de probabilidad a la que estamos presentando en este artículo. La ley de probabilidad indica que para que un suceso efectivamente ocurra tiene primero que ser posible. Ahora bien, seguramente así como puede ocurrir ese, habrá otros que puedan suceder. De entre todos los sucesos posibles, es decir los sucesos esperados, cada uno tiene idénticas probabilidades de ocurrir.

Siempre el caso de la ruleta nos ayuda a graficar estas cuestiones. Si hay 37 números posibles de salir en una ruleta, cada uno de ellos presenta una probabilidad de 1 en 37 de resultar elegidos.

Las leyes del azar se van complementando. Esto quiere decir que de acuerdo a la ley del 111 y la ley del tercio, luego de 37 tiradas, no es probable que haya salido una vez cada uno de los números, como podría concluirse de una mala interpretación de la ley de probabilidad.

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Es muy importante, tal como hicimos alusión en un artículo precedente, interpretar cuál es la lógica que describe el azar, pues eso nos da la posibilidad de hacer un acercamiento a nuestros juegos de azar preferidos desde una perspectiva racionalista, desechando de esa forma cualquier aventura fundada sobre componentes mágicos, la cual generalmente, está condenada al fracaso.

Por el contrario, para tener pretensiones de apostar con consistencia teórica y de ese modo aumentar nuestras probabilidades de ganar dinero cada vez que vamos a un casino o nos conectamos en un sitio de apuestas online, debemos ser concientes de las formas que el azar adopta, las cuales no son cualesquiera, sino que tienen ciertas peculiaridades que es interesante destacar.

Antes nos habías referidos a la llamada ley del tercio. Ahora, entonces, hablaremos de otra de las leyes del azar, la cual es también muy interesante poder conocer y comprender, sin perjuicio de la utilidad que ello le reporta a todo apostador.

Hay una ley denominada la ley del 111. No se trata amigos de una ley referida a una línea de ómnibus de nuestra ciudad, sino a la cantidad de tiradas durante la cual pueden negarse a salir ciertos números.

Esta ley nos indica que, en un juego de ruleta, sucederá sistemáticamente que durante 3 turnos de 37 tiradas (es decir 111 bolas jugadas), habrá por lo menos 2 números que muy posiblemente no hayan salido.

De leyes como esta se compone el azar. Sólo su análisis y comprensión absoluta permite formular estrategias inteligentes que nos lleven a ganar dinero.

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