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El juego de ruleta admite muchas apuestas diferentes. Por años se lo trató como el juego más completo, y merced a ello su popularidad fue in crescendo desde su nacimiento como tal en el siglo XVIII, hasta que se consolidó como el más interesante y entretenido de los juegos de apuestas que había en los casinos.
No fue hasta fines del siglo XX que fue desplazado por el póker, quien ocupó desde ese entonces el rol del juego de apuestas más popular. Así y todo conservó un digno lugar en la preferencia de los aficionados a los juegos de azar, a los casinos y a las apuestas.
Hacer futurología siempre es un arte que conlleva un matiz de infamia, pero no parece que la ruleta pueda, en el corto plazo al menos, recuperar el terreno perdido, en la medida que se ve que el póker se escapa más y más en la punta de los juegos más buscados.
La posibilidad de jugar al póker en internet le ha abierto una puerta que lo catapultó a otra dimensión, trascendiendo los márgenes habituales dentro de los que los juegos de azar acostumbraban a oscilar.
A pesar de esta escalada del póker y este cierto estancamiento de la ruleta, siempre quedará en el corazón de muchos de los antiguos aficionados a los juegos de apuestas un recuerdo de la ruleta como el juego más representativo. Sus combinaciones infinitas, sus variantes y su emoción estarán por siempre atesorada en nuestras retinas con un cariño insuperable.

El juego y las apuestas se ligaron mutuamente merced a esa tradición que se había gestado marginalmente y que luego vio concretada una potencial unidad en las ferias de pueblos y villas. Luego, con lo irrupción del casino, se manifestó una concreción de esa unidad que había estado latente, y que se concretaba eventualmente cuando había ocasión.
En ese sentido, vemos que entre las cualidades que podemos encontrar en ese período de unidad latente y fluctuante que juegos de azar y apuestas evidenciaban, ya se denunciaba una visible heterogeneidad del público que podía acceder a ellos. No había, a priori, un denominador común en cuanto a clase social y a recursos económicos que debiera mencionarse como un registro unívoco y unidireccional. Por el contrario, el espacio en el que el juego de azar y las apuestas irrumpían era uno de erosión de las diferencias.
Otros eran, por el contrario, los valores que aquí comenzaron a asumirse como positivos: fundamentalmente la habilidad. Aquellos feriantes que mostraban algún talento, inmediatamente cobraban un impulso tal que les permitía elevarse socialmente y ser reclamados desde las cortes.
En materia de apuestas, algo parecido comenzó a suceder con la gestación de los espacios de juegos que fueron los casinos. Quien tuviera la habilidad suficiente, podría promoverse a sí mismo socialmente merced a los ingresos que obtuviera a través de sus apuestas.
Aún nos queda ver cómo fue esa evolución que el casino significó, y cómo llegó a consolidarse y a transmutarse, finalmente, en los casinos en línea, y demás sitios de apuestas online.

El juego online se ha vuelto muy popular en los últimos años. No es difícil estimar cuáles han sido las condiciones que han propiciado este despegue. Mas intentaremos echar luz sobre algunos principios que aclaren aún más una cuestión que, al menos superficialmente, daría la apariencia de estar resuelta.
Por otro lado, sabemos que esta curiosidad debe estar presente no solo entre los nuevos apostadores, sino también entre los más tradicionales aficionados a las apuestas de casino.
Todos sabemos que la actividad lúdica de hacer apuestas en diferentes juegos de azar ha sido una costumbre que ha acompañado a la humanidad desde que amerita ser llamada de tal forma. Los juegos de azar siempre constituyeron una forma legítima e expresar las más lúdicas pulsiones que el hombre ha experimentado.
En algún momento, las apuestas comenzaron a concentrarse en las ferias donde so congregaban los habitantes de comunidades rurales, e busca de diversión y esparcimiento, que les alejara de la tensión (y quizás la desidia) a la que les sometían sus vidas cotidianas.
No tardaron en surgir los casinos. Monumentos del juego. Palacetes de apuestas. Las apuestas encontrar allí su mejor condición para extender su dominio sobre el juego de azar. Hoy nos resulta difícil pensar en la una sin el otro.
Apuestas y juegos de azar se implican mutuamente. Pero ese no fue sino el resultado de un proceso que llevó muchos siglos, en los cuales se fue articulando una unión que llegaría a extremos que nadie hubiese sospechado en los orígenes.

El mundo de los juegos en línea sufrió una lenta evolución en sus primeros años de vida. Luego, el paso del tiempo y la optimización de los recursos informáticos, tecnológicos y humanos, fueron haciendo posible una explosión que si tuviéramos que ubicarla en un momento específico, debe estar en el bienio 2003 – 2004. Fue allí, en el lapso comprendido entre esos dos años, cuando sucedieron simultáneamente dos cosas: la masificación definitiva de Internet y, al mismo tiempo, la consolidación revolucionaria de lo que significaron los casinos online y los sitios de apuestas en línea.
El juego online fue la confirmación, sin embargo, de un proceso que ya venía gestándose con una fuerza latente, que concentró una energía enorme, cuya explosión fue este proceso que sintetizamos en el párrafo anterior. El proceso que venía detrás, en silencio, y que tomó forma por los carriles que se le abrieron en la primera década del siglo XX, era el proceso que habían jugado cada uno de los juegos de azar, cada uno de los juegos de casino, en forma separada primero, y, luego, en forma conjunta, con sus historias compartidas durante más o menos un siglo en los casinos tradicionales.
No nos olvidemos que desde el siglo XIX que podemos contar con la consolidación de los casinos como los sitios de apuestas preferidos por las mayorías sociales. En ellos pudieron articularse la diversión, el buen gusto, el dinero, el deseo de competir y juegos de azar que habían tenido ya una confirmación de su éxito, cada uno por separado.

Los juegos de azar han pasado a la historia como un símbolo de lo que el ser humano está en condiciones de arriesgar en pos de obtener un crédito. En su ejemplo más extremo, el juego de azar graficaría una situación en la que los resultados posibles se reducen solamente al par antagónico todo o nada.
Alguna pulsión que el hombre debe aún llevar a cuestas involucra a la competencia y el riesgo, ese riesgo que le permite diferenciarse, mostrarse y definirse como más apto. La cultura elabora a través de diferentes estrategias, técnicas que aplicadas en eficientes dispositivos le permiten al hombre sublimar esas pulsiones, y es eso precisamente lo que lo convierte en un ser humano y lo separa de los animales.
Los juegos de azar son uno de tantos ejemplos en los que un impulso se canaliza en una actividad que redunda en un beneficio para la fortaleza del lazo social, esto es la solidaridad. Al convertirse en espacios de reunión en los cuales el intercambio, la plática y el esparcimiento contribuyen a expandir los valores comunes, los sitios de apuestas y los casinos han ocupado un lugar en el cual los seres humanos pueden dar satisfacción a impulsos de una forma creativa y constructiva.
Esta postura teórica derrumba definitivamente cualquier especulación respecto al juego como un factor negativo a escala social. El juego siempre fue, es y será una expresión de lo que la sociedad representa en cuanto tal. Un espacio de construcción colectiva en el que el hombre reafirma su ser y su humanidad.




