La Verdad Sobre las Apuestas II

Así como pusimos en la primera parte de este artículos el claro ejemplo del blackjack, ampliamente considerado como un juego en el que para aspirar al éxito hace falta menos suerte que talento, el cual debe conseguirse a base del esfuerzo que demanda aprehender los conceptos claves de este juego de apuestas, así como también la técnica necesaria para maximizar las probabilidades de que cada una de las decisiones que se tomen sean las más adecuadas, es necesario también conceder que otros juegos de apuestas se sitúan en la vereda contraria.

Como representante de lo recién expuesto, el caso de las máquinas tragaperras es muy claro. Dentro de los juegos de casino, las máquinas tragaperras constituyen un juego en el que cada una de las apuestas que se realiza tiene idénticas probabilidades de resultar ganadora, sin importar en qué contexto se realice.

Sabemos muy bien que en los juegos como el blackjack y la ruleta, cada apuesta elevará notablemente sus probabilidades de constituirse en una apuesta acertada, en la medida en que esté enmarcada en un contexto de coherencia lógica, y de riguroso cuidado estratégico. En cambio, las tragaperras, tanto en sus versiones en los casinos reales como aquellas tragaperras online que podemos encontrar en los sitios de apuestas en línea, vienen a alzar la voz en defensa de los juegos de puro azar.

Vale decir que las tragaperras no son las únicas representantes de esta estirpe. Otros juegos de apuestas como el bingo también merecen el calificativo de divertidos juegos de puro azar.

Estrellas y Apuestas III

El universo en común entre el mundo de las estrellas de Hollywood y el de las apuestas en el póker, no acaba en James Woods y Ben Affleck. Muchos otros actores y actrices de la meca del cine estadounidense han probado no solo ser aficionados a apostar, sino también, hacerlo con suficiente talento como para ser considerados ciertamente fanáticos del póker.

Otro actor que combina su afición por el cine, por la escritura de guiones, por el teatro y por las apuestas, es David Schwimmer, quien saltó a la fama a partir del éxito de la sit com norteamericana Friends, pero que portaba consigo una formación actoral de gran importancia, habiendo estado formado, asimismo, en los más elevados conceptos de la dramaturgia.

Sus habilidades como aficionado a las apuestas han logrado que el nombre de David Schwimmer no solo sea reconocido por su papel como Ross Geller, el simpático neurótico, en la serie Friends. Ciertamente Schwimmer está haciendo méritos para que se lo reconozca también por sus virtudes como jugador de póker. En efecto, el suyo fue uno de los primeros nombres en encabezar el elenco de celebridades que participaron en torneos de Celebrity Poker.

No tardó en demostrar que no es en absoluto un improvisado en la materia y que las dudas que asaltaban en cada uno de los capítulos que se emitieron por televisión a su personaje más memorable y conocido, en este caso, nada tienen que ver con su desempeño cuando está sentado haciendo apuestas en una mesa de póker.

Estrellas y Apuestas II

Nuestro recuento de actores estrellas de Hollywood que han devenidos en fanáticos del póker y de las apuestas recién comienza. Hasta aquí dimos paso a una breve introducción del tema y planteamos lo más destacado con relación a un fiel adicionado a las apuestas en el juego de póker, James Woods, de quien dijimos que si alguna virtud demostró sobre frente a un cámara, ha sido precisamente esa misma la que lo lleva, hoy en día, a estar considerado como un muy destacado jugador de póker.

Pero también dijimos que a pesar de ser un actor de una enorme trayectoria y que ha participado de films realmente destacados, por alguna razón, su nombre no ha calado demasiado hondo en el imaginario social, y las personas que están ligeramente alejadas del ambiente hollywoodense, suelen desconocer a James Woods.

Quien seguramente no pasará desapercibido, sobre todo para la platea femenina, es Ben Affleck, a quien suele vérselo en las partidas de póker de estrellas por la televisión, con su cara de galán serio, intentando hacer que sus apuestas le den el éxito que, últimamente, sus películas le vienen negando.

Ben Affleck habái llegado a ser, en los últimos años, uno de los actores más reconocidos y mejor pagos de Holllywood, pero fracasos de taquilla muy resonantes lo sumergieron en una categoría de la que cuesta salirse, esto es, la de actores caros y poco convocantes. Sin embargo, en el mundo de las apuestas las cosas para Ben Affleck parecen estar bastante mejor encaminadas, lo cual, al fin y al cabo, no puede dejar de ser gratificante.

Estrellas y Apuestas

Quizás hoy en día, dada la difusión que en muchos portales de noticias de Internet y canales de televisión ha tenido, el hecho de que muchas estrellas de Hollywood sean aficionados a las apuestas y al póker, ya no llame tanto la atención. Sin embargo, no deja de ser un aspecto curioso y simpático que vincula a dos esferas que, de acuerdo a lo que suele sostenerse, no son totalmente independientes.

Hay una capacidad actoral que, en definitiva, se pone en juego al momento de jugar al póker, sobre todo cuando se apuesta en una mesa de póker real, instancia que en general se diluye cuando la participación en una partida de póker sucede en una sala de póker de un sitio de apuestas en línea.

Veamos entonces cuáles son algunos de los aficionados al póker que, antes de desarrollar esta afición por hacer apuestas en este juego de casino, habían ya triunfado como actores.

Uno de los casos más emblemáticos, sin dudas, es el de James Woods. Se trata de un actor de gran trayectoria en Hollywood, y que, sin embargo, nunca ha llegado a estar consagrado como una de sus máximas estrellas. Ha participado del rodaje de cientos de films y series norteamericanas.

Woods ha participado con éxito en el Bravo’s Celebrity Poker Showdown y en el Foxwood’s Resot & Casino. Se lo destaca como un gran apostador, un jugador frío y muy intuitivo, cualidades muy importantes para cumplir un destacado desempeño en una mesa de póker. Su frialdad en la mesa recuerda a sus mejores papeles.

Hay innegables similitudes entre el juego de naipes denominado bacará y el black jack. En el primero, el objetivo radica en obtener el número 17 o la cifra más alta posible, sin pasarse de ese número mencionado.

En el black jack, como ya es ampliamente sabido, la cifra máxima y a la que hay que aspirar a acercarse lo más posible siempre, es 21.
El bacará, pro su parte, ha sido un juego que siempre ha tenido un gran prestigio social, lo cual lo ha ubicado en un nivel de preferencia muy alto entre los sectores más elevados del entramado social, consolidándose como un juego propio del status quo, un juego de elite.

Todo comenzó cuando las grandes cortes europeas dedicaban tiempo y energía, dado el gran tiempo libre del que disponían, a la actividad lúdica. Entre sus juegos de preferencia se encontraba nuestro amigo bacará, que reinaba entre los juegos de azar, transcurriendo eç entre los devenires varios de la vida cortesana, mientras otros juegos de apuestas quedaban reducidos a una expresión plebeya y popular.

El bacará presenta una particularidad respecto a otros juegos de cartas que es que habilita la opción del empate como un resultado al cual puede apostarse. Se puede apostar a la mano del jugador, se puede apostar a la mano de la banca y se puede apostar al empate.
En el black jack también es posible que haya un empate entre la mano del croupier y la mano del jugador, pero éste último solo puede apostar al éxito de su propia mano.

Muchos estamos predispuestos a perder el control por ataques de nervios o ataques de ira.“La presión que el exterior nos impone, no nos resulta pasible de ser resistida”. Eso es lo que más rápidamente, en un análisis superficial, se nos aparece como la causa de nuestro enojo.

Sin embargo, en realidad es nuestro propio superyó el que nos condiciona, imponiéndonos un ideal al que muchos veces no nos es posible acceder. La inadecuación de ese ideal a nuestra realidad determina que perdamos el control de nuestros actos.

Como vemos, superyó o ideal del yo, en este caso, prueban ser sinónimos. Portamos con la obligación de convertirnos en algo en lo que no podemos, lo cual indefectiblemente deviene en frustración, y la frustración es materia propicia para el enojo, la violencia, la ira.La reflexión es la que debe primar. Seremos lo que podamos ser y, en la medida en que nos esforcemos lo suficiente, seremos muy probablemente aún mejores.

Pero nunca debemos perder de vista que no todo se debate en el binomio antinómico éxito vs. fracaso, sino que hay matices.Y por cierto que muchas otras cuestiones son tan importantes como ser exitoso (o aún más importantes quizás). Obtener placer en lo que hagamos debe ser, sin dudas, uno de los aspectos a los que debemos otorgarle mayor relevancia.

Si logramos reencausar nuestro deseo hacia fines asequibles y positivos, podremos contener las frustraciones y, por ende, los ataques de furia que nublan nuestras habilidades y nuestra capacidad de reflexionar fríamente en momentos en que así lo requiramos.Nuestras arcas estarán agradecidas de que así procedamos.

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