En una tercera posición entre el jugador ocasional, que esporádicamente incurre en el hábito de probar suerte con los juegos de azar y lo utiliza como un divertimento, como un medio de recreación o incluso como una forma para canalizar la angustia y el nerviosismo de la vida cotidiana, y el jugador obsesivo, que pasa excesiva cantidad de tiempo dedicado a lo que, a causa de falta de suerte o de talento, debería ser solo un pasatiempo, se encuentra el envidiado jugador profesional.

El jugador profesional posee los conocimientos suficientes como para sopesar todos los elementos que forman parte del maravilloso mundo del juego, y los articula de determinada forma que lograr crear métodos de juego. El equilibrio es la pauta que rige su conducta. Un lápiz y un anotador pueden ser una buena idea para un jugador con pretensiones de ser profesional de la ruleta.

Por ejemplo. Llevar registro de los resultados que van saliendo es muy importante para muchos de los sistemas de ruleta existentes. Al momento de iniciar un sistema de juego (el único modo que en el largo plazo se puede aspirar a obtener ganancias, puesto que las suerte no es compañera en los viajes largos), un jugador debe actuar de un modo absolutamente disciplinado y confiando absolutamente en la táctica que está empleando, sin dejarse guiar por impulsos y sin aspirar a soluciones mágicas.

Cualquiera de esas dos posibilidades podrían fácilmente desviarlo del sistema que está siguiendo, provocando graves desequilibrios en un juego en el que el control de las propias acciones es tan importante como el registro de los resultados.