Apuestas en el Bingo III

Solo un poco de concentración, la cual merece sin embargo una constancia inquebrantable, es necesaria para poder llevar adelante sin errores la tarea de ir marcando en el cartón que se le ha entregado al apostador, cada uno de los números que se cantan en viva voz y que, casi en forma simultánea, aparecen en los paneles que iluminan el contorno del número que ha salido elegido.

Suele pasar que por no cumplir con este requisito, algunos aficionados a las apuestas en el bingo, entreguen cartones que no han sido correctamente marcados y que presentan números tachados que no han salido (lo cual, seguramente, es menos grave que cuando sucede a la inversa: jugadores que no marcan en sus cartones números que sí han salido y, en consecuencia, se pierden de ganar importantísimas sumas de dinero que sí le habrían correspondido solo si hubiesen sido capaces de poner apenas un poco más de atención en su cartón).

Entre los distintos aficionados a hacer apuestas en el juego del bingo, algunos sostienen que lo más importante cuando uno acude a una sala de bingo a hacer algunas apuestas es ganar los premios que entran en competencia en cada sorteo.

Otros jugadores, sin embargo, tienen una opinión contraria, y manifiestan que no hay nada más importante al concurrir a una sala de bingo, que pasar un buen momento, viviendo al máximo la emoción que representa estar en un ambiente en el que se respira buena onda y una gran distención, alejados de las ocupaciones cotidianas que conciernen a cada quien.

Apuestas en el Bingo II

Uno de los momentos en los que el juego del bingo se vuelve más intenso y emocionante, es el que está constituido por el canto de los números de las bolas que van siendo sorteadas una a una. Similares a pelotitas de ping pong, se encuentran en un bolillero transparente, del cual van siendo movilizadas por el giro del bolillero, para luego ser succionadas por corrientes de aire que van posibilitando la selección. Los números que están representados por las bolillas son los que van desde el 1 hasta el 90.

El canto de los números va siendo realizado por una agradable señorita a tales efectos preparada, mientras unos paneles que están adecuadamente distribuidos por las paredes del salón de bingo, va dejando visiblemente expuestos tanto el número que va saliendo cada vez, como así también los que ya han salido.

No suelen faltar, asimismo, pantallas de televisión que reproducen lo que se está viviendo en el bolillero, dando testimonio vívido de los números que van siendo sorteados, para despejar cualquier duda que los aficionados a las apuestas en el bingo pudieran llegar, en algún caso, a tener sobre el proceso con el que se lleva adelante todo el mecanismo que se encuentra implicado en este juego.

Una vez que un número ha salido, de coincidir con el que un apostador tiene en su cartón, debe ser tachado, para lo cual se utilizan rotuladores especialmente cedidos por el personal que se encarga de la organización de todas las cuestiones que rodean al evento.

Para aquellos que les guste jugar al bingo, les comentaré sobre sus orígenes, ya que cuando a uno le gusta algo desea conocer todo acerca de ello. Existen varias teorías sobre donde proviene el bingo, una de ellas comenta que se remonta al juego italiano “Lo giuco”, el cual era jugado de manera semanal en el país, y continúan haciéndolo.

A finales del siglo XVIII los franceses se interesaron por el juego y lo denominaron Le Lotto y solo era jugado por gente con poder, importante, de la alta aristocracia. Luego a comienzos del siglo XIX llegó a Alemania donde fue utilizado para la educación, con él enseñaban la tabla de multiplicar a los niños.

Otra de las teorías cuenta que el origen viene de los mineros norteamericanos a principios del siglo XX, donde jugaban con cartones numerados, completándolos con judías secas a medida que salían sorteados los distintos números. De ahí viene el nombre y su pronunciación ya que al ganar, los trabajadores pronunciaban “bean (judía)… Go!”.

Posteriormente, en este mismo país Edwin Lowe un vendedor de juguetes miró una partida y pidió ayuda recurriendo a un profesor de matemática llamado Carl Leffler quien lo ayudó a producir una serie de 6000 cartones de bingo con números no repetidos. Desde sus comienzos hasta ahora, este juego a sufrido grandes transformaciones y cambios que prevalecieron siempre a favor del participante, en cantidad de porcentajes, posibilidades y estadísticas.

Es un juego para el cual no se necesitan estrategias ni se debe de pensar, es azar y conocer las reglas, que son realmente fáciles y sencillas. Tampoco requiere de práctica.

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