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Entre los juegos de apuestas online, en la actualidad, es el póker quien a todas luces comanda las acciones. Pero, tal como sabemos, cuando hablamos de póker online siempre hay que hacer la salvación de que hay, en realidad, una muy grande variedad de versiones diferentes de este juego de apuestas en línea.
Algunas versiones de póker online pueden ser realmente complejas. Para llegar a ser destacados en alguno de los rubros más difíciles del mundo póker, como puede ser el póker Texas holdem, el póker Omaha o incluso el póker clásico de cinco cartas, se hace necesario tener un dominio cabal de cada uno de ellos.
Pero hay otras versiones de póker que podemos hallar en las salas de apuestas en línea, que no requieren de tanta exigencia y que, después de todo, en algunos casos pueden incluso servirnos de plataforma para comenzar desarrollar las más valiosas cualidades como jugadores de póker, gracias a las cuales, quizás, tiempo después, podremos destacarnos en versiones de póker más competitivas.
Es posible entonces citar el aso del póker de tres cartas, entendiéndolo en esta clave, pues se trata de una modalidad de póker online verdaderamente apasionante, pero muy simple, por lo que dominar los secretos de este juego de apuestas no nos llevará demasiado tiempo.
El póker de tres cartas combina dos juegos en forma simultánea. El propio aficionado deberá elegir si quiere apostar en ambas modalidades al mismo tiempo o si solamente querrá hacer apuestas en una de ellas postergando a la otra.

La técnica que aplican los jugadores aficionados a las apuestas en el póker que han aprendido a leer los gestos corporales entre los que se cuentan el que corresponde a la dilatación de las pupilas, es bastante antigua. Lleva, sin dudas, unas cuantas décadas siendo aplicada.
Y la dilatación puede, tal como indicamos en el artículo precedente, constituir un signo de que el jugador ha recibido muy buenas cartas, si se produce al momento en que éste las ve, o bien puede significar que el jugador está echándose un farol, en el caso de que se produzca cuando el jugador está precisamente colocando las fichas que corresponden a las apuesta.
Si bien los gestos que los jugadores se han entrenado para detectar no se agotan aquí, pues hay otros muy importantes como la inclinación del cuerpo, los gestos con la cara o con las manos, etc., hay algunos que escapan a las técnicas corrientes de quienes se dedican a interpretarlos. Al menos eso surge de un reciente estudio de una universidad australiana, en la que se postula que una cierta inclinación de los ojos hacia un determinado lugar, puede indicar que el jugador está pensando en un número específico.
Esto no sugiere que con el tiempo, los más hábiles entre los jugadores de póker, irán incorporando, como ha venido sucediendo hasta ahora, nuevos hábitos de lectura de gestos, gracias a los cuales, el factor corporal quedará sobreexpuesto. Claro que, paralelamente, la difusión del póker en línea opera en un sentido inverso.

En determinados juegos de apuestas, entran en un plano de relevancia detalles para el común de las personas, pasarían totalmente desapercibidos, pero que para el apostador experto se convierten parte de un mundo de significados, en el cual toman una dimensión superlativa hasta los aspectos más pequeños.
Así sucede, por caso, en el juego de póker. Cuando la competencia se plantea en el plano de la más áspera confrontación, los apostadores del póker son capaces de aguzar el ingenio y recurrir a hasta la más sutil de las astucias, sin otro objetivo que no sea el de alzarse con una victoria y cosechar el bote final en el que se recolectaron las apuestas que los apostadores fueron realizando.
Y uno de los impensables aspectos que forman parte de aquello en lo que concentran su atención los aficionados a las apuestas en el póker, son los ojos. Los ojos hablan, eso es sabido. En el caso del póker, los jugadores que reúnen la suficiente habilidad pueden descubrir las cartas que tiene algún jugador o la jugada que planea realizar con solo mirar sus ojos. Verdaderamente asombroso.
Una pupila dilatada por demás evidencia enseguida la existencia de una carga emocional superior a la normal, lo cual puede estar significando, si el fenómeno se produce al recibir un jugador sus cartas, que estas fueron efectivamente muy buenas y que le permitirán formar una mano con la que piensa entrar al juego con una apuesta importante y, si todo sale como debería, quedarse con esa mano.

A diferencia de otros juegos de azar que estaban visiblemente consolidados en los casinos y en los espacios de apuestas tradicionales, no fe sino hasta la aparición los sitios de casinos en línea que el bacarat llegó a oídos de muchos aficionados a las apuestas, que, hasta ese momento, solo conocían a este juego por haberlo visto en películas en las que se mostraba a elegantes señores y señoras, compitiendo por un buen puñado de fichas de las más caras.
Pues lo cierto es que el bacarat aún conserva su gran matiz aristocrático, y sabemos que los casinos se esfuerzan por que así sea. De esa forma se logra perpetuar lo que a esta altura ya es poco más que un mito.
De cualquier manera, es innegable que la raíz del juego estuvo efectivamente ligada a las clases aristocráticas europeas, las cuales se entretenían, en algunos casos, participando de juegos de apuestas del estilo del bacarat.
Hoy poco a quedado de eso, y no es más que un recuerdo pintoresco. La manera en que se evoca ese pasado ha pervivido en las retinas de los cinéfilos. En algunos selectos casinos de Europa se sigue jugando al bacarat, pero hoy en día cualquier persona que no tenga sangre azul por sus venas puede perfectamente participar de una sesión de apuestas en una partida de bacarat.
De hecho, para hacerlo no tiene siquiera que salir de su propio hogar, pues todos los sitios de apuestas en línea nos aercan divertidísimas y emocionantes versiones de este juego.

Algunos jugadores logran que sus nombres permanezcan en el universo de las apuestas grabados por siempre en los oídos y las retinas de los aficionados, que los toman como ejemplo, y aspiran a poder emular algún día las hazañas que consagraron a las verdaderas estrellas de las apuestas.
Lo más curioso es que en los tiempos de internet, muchos nuevos aficionados no tienen registro de algunos de los más importantes nombres, aquellos que han escrito la historia grande de las apuestas, los casinos y los juegos de azar.
Ken Uston es uno de los hombres que ha sido pronunciado en los casinos durante muchos años, en las que sus hazañas pasaban de boca en boca, alimentando un mito que era, por más de un motivo, ambivalente: de un lado, la genialidad al servicio de una carrera universitaria e importantes empleos en empresas de primera línea; y del otro lado, una vocación irrefrenable por las matemáticas y la estrategia, y por lo que ellas podían brindarle al momento de hacer apuestas en su juego preferido: el blackjack.
Fue en Harvard donde Ken Uston hizo su máster en finanzas. Luego de conseguir empleos en prestigiosas empresas, Ken Uston comenzó a sentir un gran desapego por una vida que no lo colmaba. Aprendió a contar cartas, algo que supone una superación definitiva de las condiciones objetivas de juego con las que se cuenta al momento de hacer apuestas en el juego de blackjack. Todos los días, dedicaba largas horas al asunto, sin más objetivo que le de derrotar al casino.

Es algo en lo que no hay prácticamente excepción la cantidad de cartas con la que la mayoría de los juegos de apuestas en línea se practican. La cifra, por cierto, no experimenta modificaciones si el foco de la cuestión lo centramos en los juegos de naipes en los que se apuesta en los casinos reales. El número, entonces, casi invariable es 52 naipes.
Este dato nunca es menor, pues de ello depende, en los juegos a los que nos abocamos, parte de la estrategia que empleemos, en relación con las probabilidades que surge del dato antes expuesto.
Al momento de jugar al blackjack online, en cambio, esta cifra muchas veces carece de valor real, siendo que el mazo se mezcla entre mano y mano.
Pero el software en el que está programado el juego actúa como si en efecto la baraja que se mezcla virtualmente y de la cual se extraen las cartas que se reparten tanto para el apostador como para la banca, tuviera realmente las 52 cartas de las que venimos hasta ahora hablando.
El conocimiento del mazo, en toda su expresión, es una cuestión que siempre desveló a los aficionados a las apuestas en todos los tiempos. Muy lejos de las épocas actuales en las que lo que prima es la virtualidad de las apuesta a través de internet, cuando aún ni siquiera los ordenadores estaban cerca de ver la luz, los aficionados a las apuestas se pasaban horas estudiando el mazo, mezclándolo y aprendiendo a barajar como ningún otro jugador pudiera hacerlo.

El póker Omaha no es más que una variante de la versión que más popularidad concentra entre todas las modalidades del póker en la actualidad: el Texas holdem. La gran diferencia entre uno y otro radica en que mientras que en el Texas holdem cada jugador cuenta con dos cartas en la mano.
Las cuales deben ser combinadas con tres de las cinco cartas comunitarias que en forma secuencial van quedando manifiestamente expuestas, en el póker Omaha son cuatro las cartas en mano que recibe en forma privada cada uno de los participantes.
Ahora bien, tal como los aficionados a las apuestas en el póker Omaha conocen bien, de las cuatro cartas personales cada jugador debe utilizar para combinar con las cartas comunitarias, solo dos. Es decir que la mano de un apostador en el Omaha se compone de dos de las cuatro cartas personales y tres de las cinco cartas comunitarias.
Esto que parece tan sencillo puede ocasionar grandes inconvenientes a los participantes de una partida de póker Omaha, puesto que al momento de hacer apuestas se dejan llevar por una rápida impresión producida por las cartas que tienen en mano, cuando en realidad solo dos de ellas les servirán para buscar una combinación ganadora.
Pero claro que en el momento del juego, cuando se están efectuando las apuestas, a veces resulta más fácil dejarse llevar por ese primer vistazo impulsivo, que ponerse a hacer una reflexión que no por simple permanece a veces esquiva en la repentización del juego para los apostadores.

No hay mayores dudas al respecto: el objetivo final del blackjack es obtener el puntaje que más se acerque a 21 para poder derrotar a la banca al momento de cotejar qué le ha tocado cada uno. Todos los jugadores, cada uno por separado, viven su enfrentamiento individual con la banca, en esa disputa se erigirán como vencedores o verán perdidas las fichas que habían apostado, debiendo esperar a la mano siguiente con renovado ímpetu de triunfo.
Tampoco hay mayores dudas al respecto de los valores de las cartas. Se sabe que los Ases pueden valer 1 u 11. Es el propio jugador el que tiene en sus manos la posibilidad de elegir cuál de los dos valores del as quiere hacer valer en ese momento.
Claro está que para tomar tal decisión debe evaluar qué carta le ha tocado como acompañante al mencionado As, y además, tomar en cuenta qué cartas tienen en ese preciso momento la banca. De esa forma podrá establecer, de acuerdo a su propio criterio, cuál de los dos valores se acomoda mejor a sus necesidades estratégicas en ese momento.
Las K, las Q, las J y los 10, todos valen 10. Una combinación entre una de estas cartas que valen 10 y un As nos otorgará un blackjack, ocasión en la cual la banca debe pagarnos nuestra apuesta una vez y media. A diferencia de las otras ocasiones en que uno apuesta básica es ganada, la cual se paga uno a uno.
El resto de las cartas valen exactamente según el valor registrado en el propio naipe.

Los juegos de naipes pueden existir en dos esferas distintas: están, por un lado, aquellos en los cuales todo se trata de suerte, o mayormente de suerte, en los cuales la habilidad y la astucia de los contendientes queda relegada a un muy segundo plano; del otro lado, están aquellos otros en los que prima la destreza de cada uno de los participantes y, sin anular del todo la participación que aquí juega el azar, es sin embargo la inteligencia de cada uno de los jugadores lo que decidirá el resultado de la disputa.
Un ejemplo de juego de naipes en el que el azar queda así expuesto, es decir como lo que graficamos en el segundo tipo de juegos de cartas, es el bridge.
Un juego de procedencia británica y en torno al cual puede generarse una atmósfera de brillante competitividad, siendo siempre los elementos que harán más factible la victoria la estrategia, la inteligencia, la razón, la astucia y la habilidad de saber hacer un uso correcto de las distintas posibilidades que el juego ofrece en cada una de las instancias que se puedan ir presentando.
Nosotros, acostumbrados a las apuestas, a los juegos de casino y a tener que domar al azar para poder exprimir al máximo nuestras posibilidades de alzarnos con una ganancia digna en cada una de nuestras participaciones, pensamos que el bridge reúne también características muy positivas, que deben valorarse igualmente que muchas de las que forman parte de aquellos otros juegos que más popularidad han alcanzado.
Muchos casinos en línea han incorporado muy divertidas versiones de este juego, para disfrutar y ejercitar nuestras neuronas.

Los juegos de cartas que habitualmente vemos en los sitios de casinos en línea, muchos de los cuales ya habitaban a los casinos reales desde tiempos inmemoriales, presentan ciertas particularidades respecto de los demás juegos de casinos, es decir, los que no utilizan ni requieren naipes para ser jugados (como ser, por ejemplo, la ruleta, el craps, las tragamonedas, etc.).
A lo que nos estamos refiriendo es que los juegos de naipes pueden ser reproducidos perfectamente por los amantes del juego en sus propias casas para que sean jugados por amigos, parientes, en reuniones familiares y demás circunstancias que así lo ameriten. Los juegos de cartas abren esa posibilidad, la de ser reproducidos prescindiendo del casino, el cual debería ser su ambiente natural.
De cualquier manera, es discutible si es que su popularidad y gran expansión se debe al hecho de que hayan sido partes de los casinos, o si, por el contrario, los casinos los adoptaron entre sus juegos por ser estos tan populares entre las propias personas de a pie.
Sin embargo, no todos los juegos de naipes son jugados de una manera informal en ámbitos privados, amistosos o familiares. En efecto, los grupos así conformados prefieren jugar juegos de naipes que utilizan la baraja española. Solo el póker puede decirse que tenga un gran arraigo entre los particulares, sobre todo en reuniones de hombres.
Y el estilo que se utiliza es el que en los casinos en línea se conoce como el 5 card draw poker, prescindiéndose del tan popular y expandido Texas holdem.




