
Luego de las controversias por la aprobación del funcionamiento de los casinos en Reservas Indígenas, a mediados de los años ochenta, estas fueron anfitrionas de cientos de miles de visitantes por año, y el negocio ha crecido tanto, que hoy día, manejan un beneficio por encima de los diecinueve billones de dólares anuales.
Con ganancias de esta magnitud, resulta obvio decir que abrir un casino en una Reserva es muy llamativo para las comunidades indígenas. Tan sólo el primer Bingo ya había generado una ganancia mayor a los cien millones de dólares en su primer año de funcionamiento.
Si las cifras anteriores volverían loco a cualquier entusiasta, los números de los siguientes años simplemente hablan por sí solos. La realidad de aquellas Reservas que no están relacionadas con los casinos, en cambio, ha sido muy difícil.
Las del medio oeste del país, se encuentran entre las más pobres de Estados Unidos, y como en toda comunidad de extrema pobreza, el crimen y los embarazos tempranos son tan sólo uno de sus muchos problemas. Así que no es de extrañarse que cada vez más Reservas Indígenas opten por la apertura de casinos como alternativa para poder llevar una vida más digna.





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