
Uno de los mejores jugadores del mundo, el costarricense Humberto Branes, suele afirmar que el póker, al ser tan buen ejercicio para el cerebro, constituye una forma muy saludable de mantenimiento de la corrección en el funcionamiento de las actividades cerebrales. De ese modo, posibilita que quien lo practica asiduamente combata la aparición de indeseadas enfermedades mentales. El mal de Alzheimer es solo un ejemplo de aquellos males que afectan las capacidades intelectuales del ser humano.
La afirmación de Brenes no es absoluto descabellada. Muchas de las mencionadas patologías pueden evitarse estimulando el nivel de actividad cerebral. Por supuesto que no hay mejor forma de mantener la lucidez que ejercitando la mente. Al igual que sucede con los demás músculos del cuerpo, la escasez de ejercicio puede contribuir, sumado a factores genéticos o deterioros propios de la edad, a que se atrofien las funciones que constituyen la normal actividad cerebral.
El deterioro cognitivo, es decir la disminución de la actividad cerebral a partir de la cual se produce la correcta construcción e incorporación de saberes, información o conocimiento, puede retrasarse, reducirse y hasta detenerse con una estimulación del tipo de la que brinda la práctica del póker.
Pues se trata el póker de un desafío mental que requiere de constante cálculo, que involucra emociones y sensaciones extremas, que requiere permanente autocontrol, que implica la generación de resistencia a la frustración y que estimula la capacidad de razonar bajo presión.Todas estas posibilidades son inherentes al ser humano. Sin embargo, requieren de un ejercicio lo suficientemente intenso para poder desarrollarse y mantenerse en el tiempo.
