
Muchos estamos predispuestos a perder el control por ataques de nervios o ataques de ira.“La presión que el exterior nos impone, no nos resulta pasible de ser resistida”. Eso es lo que más rápidamente, en un análisis superficial, se nos aparece como la causa de nuestro enojo.
Sin embargo, en realidad es nuestro propio superyó el que nos condiciona, imponiéndonos un ideal al que muchos veces no nos es posible acceder. La inadecuación de ese ideal a nuestra realidad determina que perdamos el control de nuestros actos.
Como vemos, superyó o ideal del yo, en este caso, prueban ser sinónimos. Portamos con la obligación de convertirnos en algo en lo que no podemos, lo cual indefectiblemente deviene en frustración, y la frustración es materia propicia para el enojo, la violencia, la ira.La reflexión es la que debe primar. Seremos lo que podamos ser y, en la medida en que nos esforcemos lo suficiente, seremos muy probablemente aún mejores.
Pero nunca debemos perder de vista que no todo se debate en el binomio antinómico éxito vs. fracaso, sino que hay matices.Y por cierto que muchas otras cuestiones son tan importantes como ser exitoso (o aún más importantes quizás). Obtener placer en lo que hagamos debe ser, sin dudas, uno de los aspectos a los que debemos otorgarle mayor relevancia.
Si logramos reencausar nuestro deseo hacia fines asequibles y positivos, podremos contener las frustraciones y, por ende, los ataques de furia que nublan nuestras habilidades y nuestra capacidad de reflexionar fríamente en momentos en que así lo requiramos.Nuestras arcas estarán agradecidas de que así procedamos.
