
Hay innegables similitudes entre el juego de naipes denominado bacará y el black jack. En el primero, el objetivo radica en obtener el número 17 o la cifra más alta posible, sin pasarse de ese número mencionado.
En el black jack, como ya es ampliamente sabido, la cifra máxima y a la que hay que aspirar a acercarse lo más posible siempre, es 21.
El bacará, pro su parte, ha sido un juego que siempre ha tenido un gran prestigio social, lo cual lo ha ubicado en un nivel de preferencia muy alto entre los sectores más elevados del entramado social, consolidándose como un juego propio del status quo, un juego de elite.
Todo comenzó cuando las grandes cortes europeas dedicaban tiempo y energía, dado el gran tiempo libre del que disponían, a la actividad lúdica. Entre sus juegos de preferencia se encontraba nuestro amigo bacará, que reinaba entre los juegos de azar, transcurriendo eç entre los devenires varios de la vida cortesana, mientras otros juegos de apuestas quedaban reducidos a una expresión plebeya y popular.
El bacará presenta una particularidad respecto a otros juegos de cartas que es que habilita la opción del empate como un resultado al cual puede apostarse. Se puede apostar a la mano del jugador, se puede apostar a la mano de la banca y se puede apostar al empate.
En el black jack también es posible que haya un empate entre la mano del croupier y la mano del jugador, pero éste último solo puede apostar al éxito de su propia mano.





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