
Pero un jugador no puede paralizarse en la instancia especulativa. De hecho, ese momento es absolutamente necesario y, de la evaluación que haga en ese tramo de la partida, dependerá su suerte y el resultado final el cual puede ser muy bueno, simplemente decoroso y francamente lamentable.
Un jugador que no haya analizado conscientemente las opciones propias y ajenas y que sobreestime su capacidad de hacer faroles o de leer a los adversarios a partir de gestos, señas o elucubraciones mágicas, podría no ser capaz de hacer las apuestas que quepan a la necesidad estructural lógica que admite cada uno de los momentos de los diferentes tipos de partidas en los que tenga que entrar en acción.
Pero, tal como dijimos, esa instancia debe estar circunscripta a un momento preciso, y luego el jugador debe proseguir y hacer sus apuestas (o, por supuesto, retirarse y esperar a manos posteriores en las que considere que sus posibilidades reales sean mucho mejores).
Veamos cómo se estructuran entonces los momentos del juego.
Se reparten las cartas individuales y luego se colocan tres de las cartas que formarán parte de las cartas comunitaria. Posteriormente se realizan apuestas. Luego se siguen desnudando los misterios de las cartas que aún habían quedado ocultas, sin ser expuestas, y ante cada nueva aparición se hacen más apuestas.
Muchos de los jugadores desisten, en alguna de las instancias intermedias de seguir tomando parte del juego. Se supone, estadísticamente, que un jugador toma parte de cerca del 20 porciento del total de las manos.





4 Comentarios para “Apuestas y Texas Hold’em III”
19-02-2010 hora: 1:45
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19-02-2010 hora: 6:47
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19-02-2010 hora: 15:44
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