
En el ving-trois, cuya rueda gira de un modo análogo a lo que sucede en la ruleta, nos enfrentaremos con veintisiete posibilidades físicas para que la bolilla caiga, en cada una de las cuales hay un número inscripto, cada uno de los cuales cuenta con un casillero que puede ser rojo o negro (otra similitud con la ruleta tradicional).
Sin embargo, la cantidad de números por los que se puede apostar en el ving-trois es catorce. Ello es porque algunos números se encuentran ubicados en más lugares que otros, lo cual confirma aquello que habíamos anticipado en la primera parte de este artículo. En el ving-trois, tal como dijimos, algunos números por los que se puede hacer apuestas tienen mejores probabilidades de resultar elegidos que otros.
Es por ello que los pagos que se realizan por aciertos en unos y otros también son distintos, cada uno de los cuales se supone que debe reflejar, al igual que ocurre en otros juegos de azar, la probabilidad de acierto que se tenía al momento en que se ejecuto la apuesta.
Los números que van del 1 al 4 solo cuentan con una única concavidad en la rueda. Las apuestas que se realicen por esos números, entonces, serán pagadas respetando la proporción de 23 a 1. Esta ganancia es la que determina, tal como podemos rápidamente advertir, el nombre que recibe el juego. El hecho de ser una palabra francesa está dado por el origen del juego, el cual, al igual que la ruleta y la boule, es proveniente de Francia.





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